Ferry 'Cross The Mersey. Mi viaje a Liverpool

Mauricio Vargas.

Inspirado por otro viajero, decidí relatar mi primer viaje a Liverpool, que hice en 1994. Regresé a esa ciudad en 1998, y planeo, juntos con otros fiebres, volver en el 2005. En 1998 me hice uno más de sus ciudadanos, gracias a un hermano que me enseñó cada secreto y maravilla de este hermoso y mágico puerto.

Mi viaje de 1994 comenzó en Londres.

Abbey Road se encuentra en un suburbio de Londres, la capital de Inglaterra. Es una zona comercial, de oficinas, algo así como Los Yoses acá en Costa Rica. Cuando hice mi viaje, o el metro no llegaba hasta esa zona o el empleado de mi hotel no conocìa Londres, pues me tocó tomar un bus y caminar un poco, lo que me sirvió para pasar frente a las oficinas de los estudios Decca. Precisamente, Decca fue una de las casas discográficas que rechazó a The Beatles (el culpable se llama Dick Rowe, quien le dijo a Brian Epstein que los grupos de guitarras eran cosa del pasado, Rowe arregló la torta contratando a los Rolling Stones), y el hecho de que Brian Epstein haya ido a dar a los estudios Abbey Road, propiedad de EMI, se explica facilmente, ya que entre Decca y Abbey Road no hay más de unos 800 metros. ¡Vaya casualidad!. Pues la calle, llamada Abbey Road, da nombre a los estudios. Me contaron que el famoso paso de cebra ya no está al puro frente de la entrada principal de los estudios, como cuando The Beatles se tomaron la foto de la portada del último disco que grabaron, sino un poco más arriba, cerca de una rotonda en la que el tráfico es abundante y casi asesino. (En cuanto a esto, hay versiones que dicen que el paso ha estado siempre en el mismo lugar). Supongo que por allá de 1969 no había tanto tráfico o que The Beatles podían pararlo a su gusto, pero en mi caso me jugué la vida por obtener la foto, que, misteriosamente, fue la única que se veló en ese rollo. Supongo que tendré que volver...

En estas gradas se tomaron sus primeras fotos para EMI

Al estar allí frente a los estudios, se imagina uno los cambios que en la cultura mundial se produjeron por culpa de la música creada en ese edificio. Se deja uno llevar por la convicción de que allí hay alguna magia, y queda convencido cuando ve, en la pared exterior, mensajes de gente de todo el mundo. ¿Cómo lograron estos beatles tocar el alma de tanta gente?. Gente de Argentina, Australia, Estados Unidos, Japón, México, Costa Rica, gasta tiempo, paciencia (y buen dinero!) para llegar hasta allá, para, en cierta forma, rendir homenaje a estos genios.

 

La pared de afuera de Abbey Road, aquí dejé mi mensaje, junto al de gente de todo el planeta

Pues, estando en Londres, ¿cómo no ir a Liverpool?. Mi ignorancia me ocultó que debía atravesar toda Inglaterra, de lado a lado y tomando hacia el norte. Londres es una ciudad costera, al sur, Liverpool también está junto al mar, pero más hacia el norte. Para los londinenses, Liverpool no es más que un puertucho de mala muerte y sus residentes hablan un dialecto incomprensible llamado “scouse”, heredado de los escoceses, quienes, para los ingleses, son simples bárbaros. En fin...

Pues debía atravesar Inglaterra. Salí de Londres a las 8am, casi 4 horas en un magnífico tren disfrutando un desayuno inglés de té y muffin con mermelada. La campiña era soberbia, el verde del zacate es de un color esmeralda, diferente al nuestro, las casas, todas de un ladrillo casi naranja, realmente precioso.

Se anuncia la llegada al “puertucho” y lo primero que veo es el lomo plateado del legendario Río Mersey, que da origen a la denominación Merseybeat. Es un río caudaloso, ancho, oscuro y misterioso. El cielo es limpio y de un azul penetrante, hace un frío exquisito. El “puertucho” resulta ser una ciudad -para mis estándares-, enorme. Muy al norte veo chimeneas de una planta nuclear, la actividad en la estación del tren es intensa. Al taxista le pido llevarme a algún lugar que tenga que ver con The Beatles. Amablemente, me lleva al Albert Dock, me recomienda una tienda y me asegura que allí podré contratar un tour de la ciudad y comprar toda clase de recuerdos. 

 

Beatles Story está en uno de los sótanos del Albert Dock, el principal puerto junto al Río Mersey. Desde el Albert Dock, tomaban The Beatles el ferry hacia Hamburgo.

La tienda es para infartarse, todos los artículos conmemorativos de The Beatles que uno pueda imaginarse, camisetas, loncheras, pines, libros, fotos, toda clase de cosas. Estoy de suerte, el tour sale a las 2pm, tiempo suficiente para almorzar el típico, obligatorio y exquisito "fish & chips" (filete de corvina de pescado empanizado, servido con papas fritas y arvejas, no se come con salsa de tomate ketchup, sino con vinagre) y visitar The Beatles Story, una atracción estilo museo en donde le recetan a uno un recorrido espectacular por la historia de The Beatles. Cada año, una etapa. Detrás de mí vienen unos japoneses y un par de argentinos, el asombro y los comentarios de todos son idénticos (no hace falta entender japonés para comprender a estos muchachos, la beatlemanía es un idioma universal). El recorrido es excelente, por algo recibieron un premio turístico. Para rematarlo a uno, al puro final hay una sección en memoria de Lennon, se escucha Imagine y allí está el piano blanco de John. Los argentinos, los japoneses y yo terminamos abrazados en un mar de lágrimas...

El mismo grupo, más otros japoneses, norteamericanos y algún inglés, abordamos un bus pintado al estilo Magical Mystery Tour; nos recibe un guía amable que habla ese bendito scouse incomprensible. “Roll up, roll up for the Magical Mystery Tour” dicen las bocinas del bus, uno de los "chés" se descompone de la emoción, ¿!cuál Maradona¡?.

Primera parada, el Registo Civil en donde Lennon contrajo matrimonio con Cinthya Powell. Luego, Mendips, la casa de clase media de John. En esa época era propiedad privada y un letrero suplicaba que no molestáramos y todos guardamos el debido respeto. Hace poco, Yoko Ono la compró y donó al Ayuntamiento. (Gracias Sra. Ono). Mientras estoy allí, veo la calle de doble vía, unos pocos metros más allá, murió atropellada Julia Stanley, la madre de John. Mujer interesante de quien John heredó su humor... lindo nombre, Julia...

              

Mendips, la casa de John, una casa doble, sea, dos casas pegadas por una pared medianera. Clase media en una zona bellísima. John vivía en la casa de la izquierda, y en la parte superior izquierda está su cuarto, en donde se sentaba a escribir canciones con Paul. 

De vuelta al bus, unas cien varas, doblamos a la izquierda, cincuenta varas, nos detenemos, el gringo, el otro argentino, los japoneses y yo nos desmayamos de golpe. Sin ningún aviso ni anestesia, el ingrato del chofer extiende su mano y silenciosa y ceremoniosamente apunta a nuestro lado derecho mientras nos detiene frente a un bellísimo portón de hierro forjado pintado de color rojo y sostenido por gruesos arzones entre dos paredes de ladrillo musgoso; una placa pintada reza: "Strawberry Field", así, "Field", sin "S" al final. Del parlante del bus sale la voz de Lennon: 

“Let me take you down...”

 

Por aquí hacía sus travesuras y soñaba despierto ese mocoso bizco de pantalón corto que cambió el mundo. Campos de Fresas Para Siempre.

!Qué falta que hace, qué falta que me hace! 

Arrasamos el lugar con nuestras cámaras. Me asombra que los japoneses se paren junto al muro pensativos, su cultura es tan diferente, me pasan por la mente imágenes de The Beatles en Budokán, el idioma universal de la música. 

Desarmados de alegría, nos arrastramos al bus, no más de 5 minutos y nos detenemos en la vía principal mientras unas irrespetuosas chiquillas de escuela de no más de 9 años, peinadas con doble cola y vestidas con coquetas franelas escocesas y gorras al estilo Quarrybank High School, se burlan de nuestra pinta de turistas mientras bailan, brincan y cantan She Loves You Yeah! Yeah! Yeah! y una de ellas afirma a grito pelado ser nieta de Paul McCartney (lo que no sería nada raro tomando en cuenta las muchas aventuras de Macca!). Claro, estamos a un par de casas del 20 de Forthlin Road, la última casa que habitó la familia McCartney antes de que Paul se hiciera archimillonario. Una casa pequeña, bonita, con un lindo y cuidado jardincillo en frente. Actualmente es un museo adornado con fotografías tomadas por Mike el hermano menor de Paul. Muchos de los utensilios originales de la vivienda se conservan.

20 Forthlin Road

De vuelta al bus, mientras escuchamos Can’t Buy Me Love, los barrios se hacen más pobres. Llegamos a una calle algo estrecha, un liverpuliano, descamisado, blanco como papel blanco, sentado en una silla playera, pretende (en ese frío), broncearse en media calle. Está sentado frente al número 12 de Arnold Groove, la casa de un tal George Harrison, el guitarrista de un grupo local...Los Rítmicos, qué cosa!!, que casi me pongo a hacer genuflexiones... A estas alturas ya uno NO se maravilla, más bien, se cuestiona: ¿Cómo puede ser que hace 10 minutos estábamos en casa de Paul, cinco antes en casa de John, ahora estamos aquí...¿cuáles son, matemáticamente, las posibilidades de que estos tipos vivieran tan cerca uno de otro, que tuvieran edades similares, intereses similares, y que se llegaran a conocer?. Aquí hay intervención divina. NO hay explicación humana!. 

La casa de los Harrison es tan estrecha, que no hay duda de que eso empujó a George a salir de ahí, como que hay que entrar de medio lado, probablemente por eso se obligaba a estar tan reflaco.

 

“Nos acercamos a Butlins”, sea, a la casa de Ringo, el chofer apenas nos pasa frente al bar ese que sale en la portada del Sentimental Journey y nos dice: “Por ahí abajo queda la casa de Ringo”. Esta si es una zona pobre, como que no nos la querían enseñar. Sin embargo, al igual que toda la ciudad, es limpia, y la gente se ve sana y feliz. Liverpool tiene algo de magia, y no es solo por The Beatles, es algo más, es el frío y ver unas gaviotas volando, allá en el imponente edificio de la capitanía de puerto se avista el ave Liver, que da nombre a la ciudad, ¡se me olvida que estamos junto al mar!.

El bus sigue su paso y nos detenemos en Mathew Street, calle estrecha, y el lugar en donde se desató el monstruo. A un lado, La Caverna, no es la original, pues estaba más al oeste, pero son los mismos ladrillos. La Beatle Shop, todo para el adicto a The Beatles!. Los bustos de los muchachos que cambiaron al mundo para siempre, una pared de ladrillos con los nombres de cada luminaria que ha pasado por la Caverna, allí está una estatua de Lennon arrecostado en el marco de una puerta, como en la portada del Rock & Roll..

Unas millas más allá, hacia el centro, qué día más bello, ni una nube, aún en los suburbios, se oye un piccolo, veo una barbería y el bus le da la vuelta a una rotonda, hay un banquero, un bombero y una enfermera, “it’s in my ears and in my eyes”.

    

Penny Lane es una calle amplia rodeada de frondosas y verdes arboledas

Esta es la barbería mencionada en la canción y que se ve muy claramente en el video de Free As A Bird

Fin del viaje, de vuelta al tren al ser las 5pm. Liverpool se quedó en mi para siempre, es hora de tomar el tren a Londres, que por cierto creo que era el “last train to London”. Por favor, mi ticket to ride. 

...but I'll be back again

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